Pirotecnia l alba cartagena

Articles

  1. Descubre nuestro Catálogo de Humos
  2. Los mejores descuentos de Petardos en Cartagena
  3. Horarios de apertura Pirotecnia L'albà Cartagena
  4. Otros usuarios también vieron estos catálogos

Mujeres de todas las clases y tipos paseaban por las afueras de la ciudad, a las que nosotros seguimos, y deambulando por el suburbio llegamos a la entrada que daba al campo. También se hizo presente el pueblo inferior. Entre este podían contarse algunos negros montados en pequeños burros que regresaban de vender sus verduras en la ciudad y ocupaban su asiento en el cuello resistente del animal, balanceando las piernas.

Su uniforme de caballería consistía en un enorme sombrero de paja, una camisa y un palo doblado que servía para animar al bu- rro a caminar con palabras como: Como no existen ventanas las que casi no se conocen en el idioma cotidiano , las aberturas del coche brindan la ocasión a la pareja que en su interior viaja de mirar hacia el exterior, y a los peatones la posibilidad de mirarles boquiabiertos.

No era este el caso, pues no solamente los brazos estaban descubiertos sino también los pies; muchos anillos adornaban los dedos; pulseras, las muñecas; piedras el cuello, y las lores decoraban el cabello; todo el cuadro era una verdadera protesta contra el buen gusto. A lo lejos se veía un fuerte nativo, sumiso, de color amarillo sucio, cuyos cabellos negros y lisos caían bajo el amplio sombrero de paja que daba sombra a la igura. Ancho de hombros, vestido pobremente, con una camisa de cuadros azules que colgaba suelta y cubría por sectores la ropa interior del mismo color y tela.

En los botones de sus relucientes casacas el escudo de armas de Colombia mostraba que defendían ahora la libertad de la colonia independiente contra la opresión de la Madre Patria. Podía vérseles transpirando en las vestimentas de su patria: Al lado de ellos se encontraba un francés agraciado, que con su vestido liviano mostraba que adquiría la costumbre del lugar donde estuviera. Regresamos a la ciudad junto con el grupo. Servían limonadas, leche de almendras, café, etc.

El inglés, por ejemplo, pide su brandy con agua; el francés su taza de café, y el colombiano chocolate, siempre que antes no haya pedido a gritos: Ponche de huevos, que los jóvenes especialmente, toman gustosos. Esta generalidad ha provocado un verdadero rito. Encender un puro se considera un acto tan sagrado que nadie puede negar su fuego del tabaco a quien se lo solicite.

Esta verdadera costumbre republicana resulta en ocasiones incómoda, ya que si una persona va de prisa pero se encuentra en la calle a un negro, indio o a cualquiera, éste puede detenerlo con un: Me hace el favor, señor, el sujeto se queda detenido hasta que el impertinente haya encendido su puro; o en caso contrario, se ve obligado a dejarle el fuego y el tabaco para evitar el molesto contratiempo.

recortador de carretillas

Los portones, lo mismo que las entradas al puerto interior, los cierran a las ocho de la noche y como ninguno de nosotros tenía todavía alojamiento, terminó en ese instante nuestra primera visita a la ciudad y retornamos a bordo. Puedo decir con razón que los colombianos durante la mitad del año tienen días de iesta y el otro medio año no hacen nada. Por eso es especialmente peligroso para el europeo estar en excesivo ajetreo los primeros días después de su llegada. La demasiada exposición al sol, en especial durante el mediodía, causa dolor de cabeza acompañado de una iebre ligera.

Los nativos preieren su hamaca a exponerse a los rayos del sol.

Descubre nuestro Catálogo de Humos

Es difícil hacerse a la idea de un día de este estilo. Es como estar rodeado de una gran masa de gas que ilumina y llena todo con su deslumbrante luminosidad. De allí que como producto de tal situación sea frecuente contemplar gente ciega o con la vista herida. El primer día diferente que pasamos y el primero de lluvia que Cartagena tuvo en dos años, llegó por in el 15 de abril. Pero tam- bién fue una lluvia de estilo tropical, que quería, si era posible, reponer de una sola vez los dos años de sequía.

Las gotas caían tan grandes y seguidas unas de otras que daban la impresión de una sola masa de agua que junto a terribles estampidos de truenos descendía sobre casas y calles. Producto de tal situación fue que el termómetro bajó bastante pero subió al momento de cesar la lluvia y dar paso al sol que con renovadas fuerzas vino a secar todo, hasta las calles. La importancia mayor del aguacero caído consistió en repletar los estanques de la mayoría de las casas, que durante mucho tiem- po, por falta del elemental líquido, no habían logrado cumplir con su función, cual era surtir a la ciudad de agua potable.

El 19 de abril se celebró el día del año que dio comienzo a la Revolución, por lo cual desilaron los batallones de las dos guarniciones.

Los barcos de guerra anclados en la bahía, embanderados, sa- ludaban. La fecha solemne terminó con un gran baile en la Casa de la Gobernación. Gracias a la invitación generosa del conde Adelcreutz conse- guimos asistir a este maravilloso regocijo, raro para un extranje- ro. El conjunto total era tan numeroso como brillante, no solo por el lustre de los uniformes multicolores sino por las vestimentas de las damas, envueltas en sedas y telas inas, adornadas con perlas y joyas, las que mejor se ven a la luz artiicial y aparentan mayor valor que el que tienen a la luz plena del día.

Entre los uniformados sobresalían los Generales Soublette y Montilla, con sus fracs bordados de escarlata dorada. Todos los caballeros estaban vestidos de frac, ya fueran civiles o militares, y los pantalones, sin distinción, eran de lino blanco. Muchos se distinguían por su apostura y la elegancia de su baile. Entre las mujeres no había ninguna que se caracterizara por una belleza extraordinaria. De no ser por el corto talle que las deformaba, sería posible considerarlas dueñas de un cuerpo bonito, lo cual se conirmaba por el no uso del corpiño, ya que el calor no se los permitía.

La diferencia mayor se notó en los postres, consistentes en las mejores frutas tropicales: La comida acabó pasadas las dos de la madrugada, prosi- guiendo luego el baile hasta las cuatro, hora en que todo acabó. Muchos bailes vinieron después. En general, podemos decir que estos les agradan bas- tante. El 13 de mayo nos despedimos de Cartagena.

Los mejores descuentos de Petardos en Cartagena

Un lugar de paz, eso decía en los días pasados; pero algo lo arruinó, ahora el lugar es distinto. Y esta variación puede ser para bien o para mal, pero la hay. Con razón o sin ella he manifestado que Cartagena es sucia e insalubre. Posiblemente no lo sea tanto, ya que de lo contrario no se entendería que muchas personas viajen desde los Estados Unidos y las Antillas para cuidar en ella de su salud. Necesario es agregar que lo hacen para mejorarse de dolencias y malestares del pecho, para lo cual el aire tibio del mar es un buen método de curación, e igualmente es preciso reconocer lo sano del lugar a pesar de los aspectos negativos ya que nadie viajaría a un sitio que apeste; al contrario, lo que ansían es sanar de todos los malestares y sufrimientos de su vida.

La verdad es que el barco ya traía la epidemia, por lo que causó estragos a bordo y la necesidad de curar la enferme- dad fue la que los llevó a puerto; lo que les permitió salvar a un Teniente y al resto de la tripulación y poder retornar a Jamaica. En cuanto al aseo de calles, casas y patios, los pobladores no aportan mucho. En ese aspecto los colombianos compiten con sus viejos antepasados los españoles en desidia y apatía frente a la mugre y la suciedad.

Realmente si no fuera por las lluvias torrenciales y la acción de las aves de rapiña, resultaría imposible describir lo que sería esta ciudad de Cartagena. Al verlos saltar con sus largas y gordas patas azuligrises, al ob- servar sus enormes alas extendidas de color carbón, caídas, uno los compara con el bello Turpial en sus colores negro y amarillo y su ino cuerpo, y piensa que la naturaleza de Suramérica desea mostrar que es igual de rica y poderosa al crear lo feo o lo bonito. Construidos de piedras, cubiertas de 5 Un gallinazo es una fea e inmensa ave.

Horarios de apertura Pirotecnia L'albà Cartagena

Los diminutivos los usan para señalar cariño, mientras que los aumentativos para mostrar desagrado. Por ejemplo: Al mediodía, cuando no hay protección posible contra el sol, parece increíble cómo en este clima lograron levantar tan gigantesca construcción. En cada torre hay una casita cuidada por un guardia que por las tardes les impide el paso a los curiosos.

Mayor calma y paz ofrece el paseo de la planicie entre la ciudad y el suburbio, donde por las tardes se ve a un grupo de hombres, en su mayoría extranjeros, caminar de un lado hacia otro, gozando de las delicias del aire puro. La pampa es usada en ocasiones especiales para los fuegos artiiciales, por los que los colombianos tienen predilección, ya que los usan hasta a la hora del mediodía, durante sus carnavales, procesiones, etc.

Tal fue el caso de una iesta en honor de San Francisco.

Otros usuarios también vieron estos catálogos

Seguido de una serie de detonaciones se fueron desprendien- do alas, cola, patas, cabeza y cuerpo; solo se mantuvo hasta el inal el corazón, que permanecía ielmente encendido, solitario en el desastre, pero al in también le llegó la hora del sacriicio. Con una terrible explosión se rompió, acabando con toda su majestuosidad. Nota del autor. El tabaco se encuentra en todos los sitios; de diez hombres, nueve lo fuman y posiblemente abarque con su vicio al cincuenta por ciento de las damas.

Las presentan acostadas de espaldas y soplando hacia el sol, por lo cual en vano tratan de recobrar el uso de sus cuatro aletas. Afuera de la costa, especial- mente entre Punta Canoa y las profundidades del Salmadino, se las atrapa en grandes cantidades, obteniéndose así en los merca- dos, a buen precio, un alimento rico y sano. Los bongos, en general, los cons- truyen en Maracaibo, son extraordinariamente bajos y ailados, simples en los aparejos y cumplen perfectamente con el cometido de cruzar el alisio entre las islas y la costa.

En comparación con el resto del país, el comercio de Cartagena es intenso, y el marítimo no tiene competidor en Colombia. Para los grandes puertos europeos esto no es demasiado, pero para Colombia sí lo era, y con razón, si se toma en cuenta el poco tiempo que se había liberado de España, verdadera enemiga de toda navegación e intercambio comercial con países que no fueran la Madre Patria. Mensualmente llega a puerto un mer- cante inglés, enviado desde Galmouth, pasa por Jamaica de ida y regreso.

Ocasionalmente envían transportes entre Cartagena Nueva York. También carne salada de cerdo, harina de trigo, papas y mantequilla.

Las naves francesas ofrecen las mismas mercancías que, en menor cantidad, ingresan a Santa Marta. Estas mercancías deben pasar por la aduana para después ser cargadas en los famosos bongos y enviadas a Mahates, ubicado al sur de Cartagena, desde donde inician viaje en burros hasta Ba- rranquilla. Para evitar que la mercadería se dañe, la empacan con muchas precauciones, en sacos. Es decir, la embalan en forma de cubos, los cuales no pueden sobrepasar los setenta y dos y medio kilos, la protegen con mantas y la colocan en cajones de madera en los que va suicientemente resguardada.

El cajón se cubre con cera, al cual se le reviste con otra capa. En el caso de los inos produc- tos franceses, se cubre el cajón con un revestimiento de hierro cubierto con estaño.